RESEÑA HISTORICA DE CREACIÓN DE LA EMBLEMÁTICA INSTITUCIÓN EDUCATIVA JOSÉ PÉREZ Y ARMENDÁRIZ
La Institución Educativa Estatal Gloriosa y Emblemática “JOSÉ
PÉREZ Y ARMENDARIZ” lleva el nombre del ilustre Obispo de la Diócesis del Cusco,
Rector y Decano de la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco, Prócer de la emancipación peruana y paucartambino de nacimiento ilustrísimo
“JOSÉ PÉREZ Y ARMENDÁRIZ” y fue creado
por RM N° 14917 el día 02 de marzo de 1964, llegando a funcionar activamente
con alumnos el 10 de mayo del mismo año. Siendo Presidente de la República de
ese entonces el Arquitecto Fernando Belaunde Terry, el Ministro de Educación el
Dr. Luis Francisco Miroquezada Canturías, Alcalde de la provincia el Señor Raúl
Figueroa Yábar, siendo su primer Director el Dr. Rafael Antonio Olivera Ortiz
de Orué. Funcionando Institucionalmente en su antiguo local sito en la Av.
Erickson s/n. creándose posteriormente la Modalidad de “Jóvenes y Adultos” CEBA
el 10 de octubre de 1988 por RD N°06- USE-P-D.88.
En el año de 1996 se hizo entrega de un
moderno local construido por INFES durante el gobierno del Ing. Alberto
Fujimori Fujimori siendo la Directora de esa fecha la Lic. Teodora Llamocca
Bedregal y posteriormente un moderno pabellón totalmente implementado con pizarras interactivas un laboratorio de Bioquímica y un centro de computo así como de un coliseo deportivo por parte de la Municipalidad Provincial de Paucartambo en beneficio de nuestra comunidad educativa durante la gestión del director Mg Braulio Figueroa Chauca.
Nació en Paucartambo el 30 de marzo de 1728 y murió en el Cuzco el 9 de febrero de 1819 fue un religioso peruano que llego a ser obispo del Cuzco. Demostró su simpatía por la rebelión del Cuzco de 1814, por lo que se le considera prócer de nuestra independencia. Era por entonces obispo del Cuzco Bartolomé María de las Héras, quien en 1806 fue promovido al arzobispado de Lima. Pérez y Armendáriz asumió entonces como gobernador del obispado cusqueño y fue preconizado para ocupar la sede vacante. Tomo poseción de ella el 10 de abril de 1807 y fue consagrado en Lampa por el obispo de La Paz, Remigio de la Santa y Ortega el 11 de junio de 1809. En el ejercicio de su ministerio dio muchas limosnas a los pobres, utilizando su propio peculio. Durante la rebelión del Cuzco de 1814 demostró su adhesión a la causa de la independencia y respeto a la Junta de Gobierno que establecieron los revolucionarios así como sacerdotes para los pueblos alzados que los requirieron. Tras la debelación de la rebelión, el virrey José Fernando de Abascal y Souza quizo que abandora su diócesis, y lo conmino a que aceptara en su sede a un administrador eclesiástico. Pérez y Armendáriz dejo entonces el gobierno, aunque sin renunciar como obispo, y se quejo ante el Rey de España por los agravios sufridos. Falleció en 1819 a la avanzada edad de 90 años.
BIOGRAFÍA DE DON JOSÉ PÉREZ Y
ARMENDÁRIZ
“En tiempo de Pérez”;
anécdotas del Obispo
Los recuerdos que
quedaron en la memoria popular sobre el Obispo Pérez Armendáriz, lo presentan
como un personaje creativo y humorista. Ese recuerdo nos relata de alguna
manera lo idealistas que fueron esos años, a la vez dramáticos; los relatos
muestran aspectos propios de la vida de esos años, ayudándonos a comprender un
poquito lo complejo del contexto en el que se dieron los hechos. Estas historias
fueron recogidas por algunos tradicionistas como Ricardo Palma (de quien ya
publicamos un texto), en esta oportunidad tomamos fragmentos de tres escritores
cusqueños del siglo XX.
El hombre de las
prebendas
Ovidio Duval
En la primera
década del 800, hallábase de Obispo del Cuzco el señor Bartolomé María de Las
Heras, teniendo como fiel adjutor o asiduo asistente a un personaje, siempre
atento al servicio interesado en todo menester de palacio, quien con acucioso
empeño y maneras estudiadas, obtenía concesiones diversas en beneficio
personal o la de sus amigos, aprovechando la bondadosa complacencia del
prelado. Como los buenos tiempos no son eternos y para su mal, provino el
cambio, asumiendo el alto cargo el señor José Pérez y Armendáriz, entonces el
indicado adjutor no vaciló en continuar desempeñando análogo papel frente al
nuevo dignatario y, por supuesto, haciendo honor a su acostumbrado preludio
majadero de continuar obteniendo sus favores. Pero no estuvo en sus cálculos,
que el flamante pastor eclesiástico era de mentalidad inversa a la de su
antecesor –al menos en lo que a “complacencias” se refiere- y ajeno en absoluto
a los halagos mezquinos de sus servidores, pues, dado su elevado sentido de
hombre rectilíneo y sagaz, desechaba por convicción todo aquello que
significase deprimente rebajamiento moral.
Mas, al fin y al
cabo, el hombre de marras aventuró el primer pedido o gracia en la idea de que
las cosas seguirían en el curso de siempre, aludiendo que en la época del señor
Las Heras nunca se le denegó ningún favor; argumento deleznable que acabó por
disgustar a su señoría, que respondiole tajante y sin rodeos:
En tiempo de Heras
/ todo eras,
En tiempo de Pérez
/ nada esperes.
Filípica que dejó
turulato y descompuesto al aludido, retirándose cabizbajo, apabullado y molesto
en su pequeñez espiritual…
(Figuras
pintorescas del Cuzco antiguo, 1978)
Superchería y
castigo (fragmento)
Ángel Carreño
Celinda Laguado,
Recogida del Beaterio de las Nazarenas, era en esos tiempos una provincianita
favorecida por la naturaleza, con una belleza nada común. Su padre, que era un
chacarero parureño, la dejó en dicho Recogimiento, para ver si en esa Casa
quedaba curada con las prácticas religiosas, de su deficiencia mental.
Pero la pobrecilla
demostró en el encierro del beaterio, ser toda una pánfila; una bobilla sin
carácter, cuyos asiduos comedimientos, consistían en ayudar las pocas labores
de la Madre Sacristana en el torno; preparando los ornamentos sacerdotales para
el servicio religioso, y después, aprender de memoria salmos, cánticos y
novenas. Lo único bueno que hacía, aparte de una pobre labor de costura, era no
mezclarse en la chismografía de las beatas.
… Benigno Ocháran
subió a la torre de la espadaña, a repicar las campanas para la misa del
alumnado; quedando agradablemente sorprendido, al ver que en la cercana torre
de las Nazarenas, una beata le enseñaba a Celinda un papelito, en el que
estaban leyendo estas palabras:
“Querida hija
Celina: En esta ciudad sólo tú mereces mi bendición; espérame en tu celda a la
media noche del tercer viernes, que verás en el esplendor de su gloria, a tu
Padre celestial, el Señor de la Caña”.
El Capillero del
Seminario, consiguió cuanto le era indispensable para remedar el aspecto del
Rey del Universo. Improvisó una escalera con las palancas de los fuelles del
órgano de la capilla del Seminario, para pasar el angosto callejón de
Amaru-Cata, desde el tejado de la Capilla del colegio al de la Iglesia de las
Nazarenas; y a la media noche del tercer viernes indicado en el papelito,
sonaron unos golpecitos en la puerta de la celda de la recogida; quien al ver
la corona de espinas y la barba postiza y ahorquillada del falso nazareno,
creyó por su dominante bobería, que era el mismísimo Redentor que la visitaba.
– Buena noche, hija
mía, dijo el recién llegado a la rezadora Celina; quien se prosternó contra el
suelo y comenzó a llorar, pidiendo fervorosa el perdón de sus culpas, mientras
el disfrazado se sentaba en una especie de trono, que la muy tontuela había
adornado con luces y flores.
Enjuga tu llanto,
querida hija. Yo te perdono. Apaga todas las velas para que me veas en el
esplendor de mi gloria, y te daré mi bendición, dijo poniéndose de pie el
atrevido farsante, que junto a Celina parecíase a una romana de varilla;
semejándose aquella al pilón, por la menguada estatura.
La simpática
Recogida empezó a ejecutar la orden del falso Cristo; pero en ese instante una
fuerte palmada hizo girar la puerta de la celda, y un inesperado personaje
entró de un salto, con una disciplina en la mano.
El recién llegado
era el Obispo Pérez Armendáriz, quien había espiado secretamente, desde antes
la muy ensayada farsa, y dijo al entrar:
“Aquí viene San
Pedro en busca de Cristo, a probar quién de nosotros es más listo”. Luego
comenzó a castigar a disciplinazos al colegial, mientras decía:
– Con que éstas
tenemos, pícaro, sacrílego? Toma, canalla, para que nunca vuelvas a profanar
con tus libidinosos planes, la clausura papal de esta Casa bendita.
Y encarándose a la
hermosa Recogida, que absorta y llorosa no se atrevía a decir un apalabra, le
dio unos cuantos disciplinazos, mientras improvisaba esta cuarteta:
“Sal de aquí porque
no quiero
cargarte airado la
mano!
Desprecia este dios
humano,
y ama sólo al
Verdadero”.
El colegial quiso
defender a Celina, poniéndose delante de ella; pero su Ilustrísima le acogotó y
sacó fuera de la celda, diciendo: -Vamos, canalla; y en colegio finalizaremos
las cuentas.
(Tradiciones de la
Ciudad del Ccoscco, Cuzco 1940)
El obispo de las
anécdotas (fragmento)
Luis Felipe Paredes
Refiérese,
asimismo, que el Obispo tenía a su servicio tres familiares apellidados
Latorre, Campana y Rosas, a quienes les dispensaba su afecto paternal y su más
amplia confianza, tratándose como se trataba de quienes supieron con su
lealtad, inspirarle tal confianza y tal afecto a su ilustre Prelado.
Posiblemente presintiendo ya el final de su existencia fecunda y luminosa, el
Obispo les llamó para hablarles y con la ternura de un verdadero padre y la
unción sacerdotal de un auténtico pastor, les dijo: “Hijos míos, cuando deje de
existir, la torre de nuestra iglesia, se caerá, la campana, enmudecerá y las
rosas de nuestro jardín, se marchitarán”. Aludía así el Obispo, al destino que
iban a tener a su muerte, sus tres queridos familiares. Ciertamente, cuando
murió el Obispo, sus tres familiares quedaron en el desamparo y la orfandad y
como suscitaron y encendieron odios cuando estuvieron en la gracia del Prelado,
tuvieron que vérselas con sus enemigos que se estrellaron contra ellos.
(Revista del
Instituto Americano de Arte, Cuzco 1952)
DOCUMENTAL SOBRE LA VIDA DEL MONSEÑOR
JOSÉ PÉREZ Y ARMENDÁRIZ


